Algo huele a podrido en la literatura latinoamericana… Mundos apocalípticos, ordenes secretas, violencia y brujas han comenzado a llenar las librerías del continente y, con estos, varios autores, pero sobre todo autoras, se han colado en las listas de libros más vendidos y mejor valorados.

La literatura de terror se ha puesto a la vanguardia de la literatura de América Latina con cada vez más autores que, en palabras de The Guardian «se pasan al lado oscuro» (31 de octubre de 2021). Y es que, en una región con un 10% de pobreza extrema y las mayores tasas de violencia a nivel mundial, no debería sorprendernos que el terror literario triunfe, más bien deberíamos preguntarnos por qué no lo había hecho antes.

Feminismo, violencia y crisis: ingredientes de una narrativa de terror

Sin olvidar ni despreciar los clásicos del terror anglosajón, como Frankenstein o Drácula, la nueva narrativa de terror latinoamericano nos propone un relato terrorífico diferente y novedoso, que se asemeja demasiado a la realidad en la que vivimos. Desaparecidos políticos, violencia sexual o cambio climático son algunos de los elementos que aparecen en estas novelas que nos hacen entender ese terror como algo propio y que otorgan a esos relatos una perspectiva social tremendamente dolorosa.

La generación presente está marcada, tanto fuera como dentro de la literatura, por la violencia y las crisis económicas, sociales y migratorias, pero también por movimientos sociales como el feminismo, movimientos estudiantiles o indigenistas. Todos estos elementos son los ingredientes para el auge de una narrativa de terror que se adentra en lo más oscuro del ser humano y nos devuelve un reflejo de nosotros mismos que incomoda.

No todo lo que brilla es boom

Algunos medios de comunicación ya se han aventurado en bautizar a esta generación como boom femenino o segundo boom (El País, 14 de agosto de 2017), aunque, dicho sea de paso, este término no parece agradarles demasiado a las autoras así etiquetadas.

Una muestra de esto fue la mesa redonda titulada “No somos un boom: escritoras en el horizonte latinoamericano” en la Feria Internacional del Libro de Guayaquil, en la que Fernanda Trías expone que “ese boom anterior invisibilizó a muchísimas, por no decir a todas, las escritoras que en ese mismo momento estaban escribiendo en América Latina” (El Universo, 11 de septiembre de 2021). Mónica Ojeda añade que “llamar a nuestra generación ‘nuevo boom’ quiere decir que somos una nueva generación de lo mismo, es decir, una nueva versión de lo que pasó en los años 60” (eldiario.es, 26 de noviembre de 2021). 

Ojeda da en el clavo: la literatura hispanoamericana de hoy es una literatura diversa, con muchas voces —muchas de ellas de mujeres—, y con una variedad de temas y estilos que no tiene nada que ver (ni quiere tenerlo) con la literatura de Cortázar, García Márquez o Fuentes.

Cinco novelas de terror y oscuridad

Pero vayamos al grano, aquí cinco novelas de terror y oscuridad de cuatro escritoras y un escritor actuales de América Latina:

  • Mandíbula (2018) de Mónica Ojeda (Guayaquil, 1988) narra la historia de un grupo de adolescentes de un colegio de élite y su relación con el miedo, el cuerpo y la sexualidad, a través de lecturas de relatos de terror, rituales secretos y más tarde a través de la violencia. Ojeda explora las relaciones entre los personajes (amiga-amiga, madre-hija, maestra-alumna) desde lo femenino-monstruoso con un estilo impecable a la vez que perturbador. 
  • Temporada de huracanes (2017) de Fernanda Melchor (Veracruz, 1982) es una novela que nos envuelve en el relato y tira de nosotros como si de un huracán mismo se tratara. Siguiendo ese huracán, somos testigos de la violencia, linchamiento y muerte de una bruja contemporánea a través de las voces de diferentes personajes en una narración explícita y nada cómoda. 
  • Nuestra parte de noche (2019) de Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973) ha sido uno de los mayores éxitos editoriales de los últimos años. En ella, Enríquez retoma algunos elementos de sus relatos, tales como la violencia, la corrupción o la magia, con una trama en la que se entremezclan historias familiares, una orden secreta y la dictadura militar argentina. Ganadora del premio Herralde a mejor novela, es considerada por muchos como la gran obra de esta generación.  
  • Mugre rosa (2020) Fernanda Trías (Montevideo, 1976). Una mujer y un niño están confinados en su casa y no salen más que para comprar alimentos o ir al hospital, porque el aire está contaminado de una sustancia potencialmente mortal. Aunque cueste creerlo, cuando Fernanda Trías escribió esta novela, aún no había estallado la pandemia de la Covid-19, aunque las similitudes con la realidad son cuanto menos inquietantes.  
  • Vivir abajo (2019) de Gustavo Faverón Patriau (Lima, 1966) es un viaje de norte a sur por el continente americano y de arriba abajo por las oscuridades de los personajes, y cuyo destino final son los secretos familiares, los vínculos de las dictaduras latinoamericanas con el nazismo y la violencia más cruda. Vivir abajo se estructura como una muñeca rusa en la que cada relato encierra a su vez otros relatos, y estos a su vez, otros relatos más, recordándonos inevitablemente a Roberto Bolaño y su 2666, pero con un toque terrorífico.

Foto de Edilson Borges en Unsplash